Documenal Poesía a cielo abierto, Encuentro de poesía chilena, Valparaíso 2010

Prólogo de Las tres estaciones de un tren de juguete

COMEÇO DO CAMINHO

No fim de uma leitura pública de poemas, que fiz em janeiro de 2006, na Universidade de Concepción, um jovem, na platéia, endereçou-me algumas perguntas. Mais que perguntas, eram questões de alguém honestamente interessado em entender certos mecanismos estéticos e sociais da poesia. Desconfiei que fosse poeta. E era. Como depois se confirmou numa conversa informal após o recital.
Oscar Petrel havia ganho já um concurso nacional de poesia organizado por esse dínamo da poesia chilena que é José Maria Mamet. Ofereceu-me uma plaqueta de seus versos, que fui lendo com interesse. Era uma poesia mais direta, inteligível, diferente de uma certa tradição gongórica, nebulosa e retorcida que existe na tradição espanhola e latino-americana.
Com efeito, na literatura chilena a presença de Nicanor Parra marca essa outra direção- diversa da de Neruda, que a poesia moderna tomou nesse país. Depois de retornar ao Brasil, ao fim de um curso que dei naquela universidade sobre “ Reflejos de la belleza en la poesia brasileña”, recebi este livro inédito de Oscar Petrel. Naquele curso havia considerado como na história da poesia há uma relação entre amor & medo. Ou seja, como, ao contrário do que muitos pensam, mesmo os poetas que se mostram como grandes amantes ou donjuanes, exibem na enunciação de seus textos um angustiante medo às mulheres. E eu havia dado vários exemplos não só em Poe, Baudelaire, mas em Vinícius de Moraes, Manuel Bandeira e outros. Mas havia assinalado que a partir dos anos 60 uma nova poética trazia uma relação mais saudável entre os amantes.
Havia dado uma aula sobre isto, quando li o poema de Oscar sobre “Adán”, que na sua escrita se rejubila de comer todas as maçãs disseminadas pelo corpo de Eva, sem os pecaminosos remorsos neuróticos de outros amantes carcomidos pela moral judaico-cristã.
E enquanto ia lendo outros textos deste livro, ia constatando que o poeta continuava desmistificando mitos, descrevendo humanizadamente o “ príncipe azul” da “ cenicienta”. Constatei que ele ia incorporando o cotidiano, fazendo também uma crônica da vida, referindo-se ao supermercado, a uma negra do bairro e reinventando sua infância. Enfim, a poesia no meio da vida, e não apenas como exercício “inteligente”, “ formal”, feita para concorrer ou seduzir outros poetas.

Certa vez li um poema de um mexicano que retratava bem a situação de alguém que se apresenta como poeta na terra de Neruda. O poema era dedicado a Pablo de Rokka e começava assim: “ Si a uno le toca ser poeta/ en tiempos de Neruda/ está irremediablemente jodido a deveras”.
Neruda, assim como Parra e Gonzalo Rojas, são referências gloriosas e pesadas para jovens poetas. E Oscar Petrel faz parte dessa nova geração que está procurando seu caminho entre tantos que se abrem à sua frente. Este livro é seu primeiro passo. A carreira literária é longa e trabalhosa. Mas parafraseando Antonio Machado, o caminho vai se fazendo enquanto se faz. Siga em frente, Oscar.



Affonso Romano de Sant’Anna
Comienzo del camino[1]

Al final de una lectura pública de poemas que hice en enero de 2006 en la Universidad de Concepción, un joven en el público me hizo algunas preguntas. Más que preguntas, eran cuestiones de alguien honestamente interesado en entender ciertos mecanismos estéticos y sociales de la poesía. Intuí que fuese poeta. Y lo era, como quedó confirmado en una conversación informal después del recital. Oscar Petrel había ganado ya un concurso nacional de poesía organizado por José María Mamet, dínamo de la poesía Chilena. Oscar me ofreció una plaqueta de sus versos que he ido leyendo con interés. Era una poesía más directa, inteligible, diferente de una cierta tradición gongórica, nebulosa y retorcida que existe hasta el día de hoy en la tradición española y latinoamericana.

De hecho, en la literatura chilena la presencia de Nicanor Parra marca esa otra dirección – diferente de la de Neruda- que la poesía moderna tomó en ese país. Después de volver al Brasil, al final de un curso que he dictado en aquella universidad sobre “Reflejos de la belleza en la poesía brasileña”, recibí este libro inédito de Oscar Petrel. En aquel curso había considerado cómo en la historia da la poesía hay una relación entre amor & miedo. O sea, al contrario de lo que muchos piensan, aunque los poetas se muestren como grandes amantes o donjuanes, exhiben en la enunciación de sus textos un angustiante miedo a las mujeres. Y yo había dado varios ejemplos no sólo en Poe, Baudelaire, sino en Vinícius de Moraes, Manuel Bandeira y otros. Pero había señalado que a partir de los años 60 una nueva poética traía una relación más saludable entre los amantes.

Había dado una clase sobre esto, cuando leí el poema de Oscar sobre “Adán”, que en su escrito se regocija de comer todas las manzanas diseminadas por el cuerpo de Eva, sin los pecaminosos remordimientos neuróticos de otros amantes desgastados por la moral judeo-cristiana.


Y mientras leía otros textos de este libro, iba constatando que el poeta continuaba desmitificando mitos, describiendo humanizadamente el “Príncipe Azul” de la
“Cenicienta”. Constaté que él iba incorporando lo cotidiano, haciendo también una crónica de la vida refiriéndose al supermercado, a una negra del barrio y reinventando su infancia. Al fin, la poesía en el medio de la vida, y no sólo como ejercicio “inteligente”, “ formal”, hecha para concurrir o seducir a otros poetas.
Cierta vez leí un poema de un mexicano que retrataba bien la situación de alguien que se presenta como poeta en la tierra de Neruda. El poema era dedicado a Pablo de Roka y comenzaba así:“ Si a uno le toca ser poeta/ en tiempos de Neruda/ está irremediablemente jodido de verdad”.
Neruda, así como Parra y Gonzalo Rojas, son referencias gloriosas y pesados para jóvenes poetas. Y Oscar Petrel es parte de esa nueva generación que está buscando su camino entre tantos que se abren a su frente. Este libro es su primer paso. La carrera literaria es larga y trabajosa. Mas, parafraseando a Antonio Machado, el camino se va haciendo mientras se hace. Siga al frente, Oscar.



Affonso Romano de Sant’Anna.

[1] Traducción realizada por Clicie Rosana Nunes Adao, Profesora de literatura, Universidad de Concepción.